Este retablo, al igual que el de la Virgen del Pópulo, se destinaron, tras la expulsión de los jesuitas a la capilla de la Hermandad de la Caridad. Una vez que el templo adquirió la condición de Oratorio público, hacia octubre de 1799, a solicitud de la Casa ducal, ambos retablos volvieron a su lugar.
La única calle está flanqueada por dos grandes columnas de estípites decoradas con ángeles y motivos florales. El lienzo que ocupa la hornacina central es obra de Juan de Roelas y es una obra que ya se cita en las crónicas del Colegio de 1607: “en uno de los colaterales un cuadro de excelente factura y buena guarnición de la Señora Santa Ana”. En otro tiempo ocupó el altar mayor.
En la pintura se representan dos escenas o niveles. En la línea de tierra se representa, a gran tamaño y de pie, a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen, con los ojos mirando al cielo, expresando en sus rostros sentimiento y espiritualidad. Aparecen vestidos con amplios ropajes. En el rompimiento de gloria se representa a la Virgen sentada en un trono de nubes sostenido por cabezas de ángeles con el Niño en su brazo izquierdo mientras en su mano derecha sostiene una flor. El Niño, desnudo, cubre parte de su cuerpo con un paño de seda y lleva en su mano izquierda una cruz mientras con su mano derecha corona a su madre. A ambos lados, y rodeando la imagen, aparece una gloria de ángeles músicos vestidos de tules y sedas en tono pastel, apareciendo entre los instrumentos un arpa y un laúd.
A ambos lados del lienzo y sobre unas pequeñas ménsulas se sitúan pequeñas esculturas de madera policromada representando a San Antonio de Padua y a un Santo obispo, que están fechadas en el siglo XVII.
En la clave del arco de la hornacina aparece una escultura de San Luis Gonzaga con el Niño.
En el ático se representa la escena del Nacimiento de Cristo y sobre los frontones partidos que lo coronan se sitúan dos ángeles.
